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Viaje por Vietnam en tren

Quince horitas (de ná) en tren me “teletransportan” de Hanoi a Hué en Vietnam.

El viaje es toda una aventura: coche cama compartido con cuatro camas donde dormimos seis pero no siempre los mismos seis… Ajetreo nocturno, entra una chica duerme un rato, sale, entra otro, habla por el móvil, una pareja de ancianos comparte litera de 80cm y aprovecha cada entrada y salida de humanos en el compartimento para ellos también levantarse e ir al baño, gritar, encender la luz, ocupar otra cama que no es la suya, mirarme, reírse…

Un revisor corrupto insiste en que ocupe una cabina VIP;  le digo una y otra vez que no, que mis amigos vietnamitas me gustan, les miro con mirada cómplice, implorando ayuda, pero solo consigo incomprensión, voces ininteligibles que ya me están resultando desagradables a esos niveles de cansancio y constancia… ¡no se han callado en toda la noche! Y además, me siento odiada por esta señora que me gritó porque me vio las plantas de los pies (en el sudeste asiático está muy mal visto mostrar las plantas de tus pies, es una falta de respeto total sobre todo si se las muestras a Buda) pero mis intenciones nunca fueron malas, lo primero porque me cuesta bajarme de una litera sin enseñar mis plantas de los pies a la señora que está sentada en la litera de abajo.

Cuando consigo conciliar el sueño, mejor dicho, cuando el sueño se apodera de mí y de mis nervios son las cinco de la mañana es decir, la hora a la que se despiertan en Vietnam con lo que mis amables compañeros de cabina encienden la luz, abren la puerta y se ponen a conversar animadamente, venga, todos arriba.

Decido levantarme, matar el tiempo, viajar, escribir, pensar, para eso están estos espacios.

Tal es mi cansancio y mi cabreo que no consigo modificar mi estado ni cuando la sonrisa deslumbrante de Thong me dice: –  Hello! Where are you from?Spain. –contesto malhumorada. -¡Hola! – me dice él, y acto seguido me da la noticas: hay un retraso de cinco horas, el tren estuvo parado mucho tiempo durante la noche y se espera llegar a Hué mucho después de lo esperado. Suerte que la constancia y la incansable sonrisa de mi amigo no decayeron nunca porque mi ánimo no estaba para mantener conversaciones. Thong fue mi amigo fiel y me acompañó durante siete días por una aventura constante a lo largo de Vietnam.

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