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Viaje a Uzbekistán

Durante mi viaje por Uzbekistán fui regalando al viento miles de improperios “si lo sé no vengo”, “qué frío”, “preferiría estar tumbada en Koh PiPi debajo de una palmerita…”. Sin embargo, desde hace unos meses ya vengo preparando mentalmente mi siguiente viaje y no sé por qué no puedo dejar de pensar en volver a Asia Central y vaya que si lo haré.

Uzbekistán es una pequeña parte de un inmenso terreno desconocido que durante siglos fue parte principal de la Ruta de la Seda. Por estas tierras han transcurrido durante más de mil quinientos años caravanas de mercaderes cargadas de riquezas que florecieron en su trayecto en forma de ciudades, fortalezas y oasis para los viajeros.

Mezquita de Shakhrisab. Samarcanda,Uzbekistan.

Mezquita de Shakhrisab. Samarcanda,Uzbekistan.

Su máximo esplendor se alcanzó durante los siglos XIII y XVI. Durante este tiempo Asia Central fue la encrucijada de todos caminos y el nexo de unión entre Oriente y Occidente. Los ríos fluían rebosantes de agua y en sus cuencas se cultivaban árboles frutales y se alimentaba el ganado de los nómadas que poco a poco se fueron asentando en las inmediaciones. Se crearon ciudades hermosas y se erigieron altísimos minaretes a modo de faros, guías para las caravanas en el desierto. La religión que imperaba era el Islam que “es la religión del desierto” (Kapuscinski, 2008)*  y por tanto se construyeron imponentes mezquitas de ornamentación persa y madrasas coránicas de color azul turquesa que aportaron una nota de color al desierto y promovieron un enriquecimiento cultural muy importante en toda la región.

Mausoleo de Tamerlán. Samarcanda. Uzbekistá

Mausoleo de Tamerlán. Samarcanda. Uzbekistán

Hoy Asia Central engloba los países de Uzbekistán, Kazajistán, Turkmenistán, Kirguistán, Tayikistán, parte de Pakistán, India, Afganistán y la región autónoma de Sinkiang en China (¡¡¡aquí, aquí!!!! es donde yo quiero ir).  Estos países han estado bajo el mandato de la Unión Soviética hasta su disolución en 1990 cuando se convirtieron en Repúblicas Independientes, de ahí el pasado complicado de Uzbekistán y en mi opinión lo que lo ha convertido en un país difícil. La producción masiva de algodón durante la U.R.S.S convirtió la región en un secarral gracias a la esquilmación absoluta de los ríos y por consiguiente del Mar Aral. La población se empobreció y las diversas etnias y tribus locales se vieron obligadas a perder su identidad tras la independencia ya que los nuevos gobiernos de las repúblicas se encargaron de delimitar los países a sus anchas rompiendo geográficamente con la integración y unidad de los pueblos kirguises, tayikos, samarcandíes…creando graves conflictos fronterizos y disputas que perduran hasta hoy día.

De cualquier manera, el gobierno de Uzbekistán se ha encargado concienzudamente de volver a restaurar sus principales hitos turísticos: Samarcanda, Bujara y Jiva, las tres joyas de la Ruta de la Seda. A pesar de mis pesares estas tres ciudades son vestigio de un pasado esplendoroso y es todo un privilegio poder contemplarlas y saborear en cada piedra los restos de una cultura milenaria que resiste el paso del tiempo y la devastación con elegancia, majestuosidad y mucha sabiduría.

De contaros cómo son estas maravillas me ocuparé en los siguientes posts. ¿Os venís? 😉

*Kapuscinsky, Ryszard (2008): El Imperio. Anagrama

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