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REQUIEM: Fotoperiodismo sobre la Guerra de Vietnam en Ho Chi Minh

Hubo un tiempo en que las calles de Ciudad Ho Chi Minh estaban pobladas de soldados norteamericanos deambulando sin rumbo. Abandonados a la espera de alguna orden, descansaban en pequeños hoteles resguardándose del asfixiante calor del trópico a golpe de ventilador. Las calles de Saigón fueron escenario protagonista de la Guerra de Vietnam y hoy en una de ellas, Le Qui Don, se encuentra el Museo de los Recuerdos de Guerra. Aquí, se puede contemplar muy de cerca toda una serie de objetos y fotografías que muestran los horrores llevados a cabo por los estadounidenses sobre los vietnamitas entre 1958 y 1975.

El museo no deja indiferente a casi nadie. Hay reproducciones de jaulas de tortura, cañones, bombas, aviones e imágenes de la devastación de las armas químicas. No es difícil levantar la mirada y encontrar gestos sombríos y de conmoción entre los visitantes.

En este inventario de crueldad y horror sobresale una magnífica exposición de fotoperiodismo en la última planta: REQUIEM.

El fotógrafo Tim Page, fotoperiodista durante la Guerra de Vietnam, reúne 275 piezas realizadas por más de 130 fotógrafos, algunos consagrados como Robert Capa, Sean Flynn o el británico Larry Burrow, que perdieron la vida mientras trabajaban con valentía mostrando la realidad de los conflictos bélicos.

Entre muchas escenas de guerra podemos ver primeros planos de jóvenes soldados reparando maquinaria o descansando a la sombra de algún avión. En sus rostros podemos observar miedo, prepotencia, locura y a veces resignación. Gracias a estos retratos podemos ponerle cara a las piezas que formaron el puzzle de La Guerra. Sin olvidar que la fotografía también es un medio de expresión artística, destaca entre muchas la imagen de una antigua cámara de fotos agujereada por un disparo.

Las instantáneas que se agrupan en la muestra sobresalen por su objetividad sin abandonar su fuerte compromiso con la realidad. De eso trata el fotoperiodismo, de no acercarse a ningún bando mostrando la cara más auténtica del conflicto. Aunque en las guerras esta separación sea difícil, y más en La Guerra de Vietnam, donde el fotoperiodismo llega a sus cotas máximas de expresión y supone una gran influencia sobre la opinión pública, la exposición no se encarga de abrir heridas sino de recordar la humanidad de los profesionales que trabajaban tras los objetivos.

La muestra es magnífica, por unos instantes permite escapar del horror de las cámaras de tortura y detener el tiempo. Lo mejor del museo.

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