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Impresiones de la India

Llegamos a Delhi el 25 de Julio y hasta hoy, 3 de Agosto, y a 6 días de volver a España aún no he escrito nada… ¿Por dónde empiezo? Tantas sesaciones, tanto camino recorrido…

Empiezo por hoy mismo, ahora estoy sentada en la terraza del hostal en JODHPUR, la ciudad azul del Rajastán. Estoy viendo el gran fuerte situado en el punto más alto de la colina y me vienen ciertos recuerdos de la Alhambra de Granada contemplada desde el mirador de San Nicolas. A los pies de la colina dominada por el fuerte, se encuentra la ciudad de JODHPUR, completamente azul, me vuelven a venir recuerdos, esta vez huelen a tajín y a especias, y es que esta ciudad se parece mucho a Chefchaouen, en la cordillera del Rif de Marruecos.


Acaba de llover, en esta época hay monzones y caen unas tormentas monumentales. Es alucinante nunca había visto caer así, se forma una auténtica cortina de agua no ves nada a un palmo de distancia y puede durar desde un minuto a horas o días, eso es lo malo. Cuando estuvimos en Bombay hubo inundaciones y por ello no pudimos viajar a Goa.

El caso es que acaba de caer uno de esos chaparrones y la luz que ha dejado es muy bonita. Se escapa claridad entre la nubes. Está atardeciendo. Son las seis de la tarde.


Estoy escribiendo sobre un baúl de madera oscura y viendo como un chico que trabaja aquí en el hostal sujeta a un niño pequeño en brazos y le muestra la privilegiada vista que hay desde aquí. El niño está lloroso, pero el chico no para de sonreir y de intentar calmarle con esa paz que les caracteriza. Nunca pierden la calma y la sonrisa.

Las mujeres son las que me maravillan, me quedaría horas y horas mirándolas. Me encantan sus ropas, sus tobilleras, sus anillos en los pies, el punto rojo de su frente, sus ojos, su caminar: firme pero delicado, parece que van en volandas, sin posar los pies en el suelo. Nos miran con ojos curiosos, me inspiran confianza y mucha calma. Irradian siglos de cultura, de tradición, de sabiduría…


Los hombres son diferentes, son inquietos, son mirones… Pero sonríen, sonríen siempre y eso me encanta. Son claros, transparentes, creo que puedes ver en su mirada o su saludo si puedes confiar en ellos o no. Parecen muy tímidos y son como niños :). Te lo intentan vender todo (obvio) y a precios asombrosos.

Ahora me está mirando el chico del hotel, que ya no está con el niño. Es nepalí, tiene 15 años y lleva nueve meses fuera de su país. Vino aquí a buscarse la vida, es guapísimo. Está quieto, mirándonos a Yvette y a mí. Nos hemos acostumbrado a que nos miren y estamos a gusto.
Los chicos jóvenes me gustan, me gusta su mirada. No tiene nada que ver con los chavalitos en españa (de 15 o 16…). Tienen la mirada muy dulce (el chico de los camellos de Jalsaimer y este niño Nepalí tienen la mirada más bonita y penetrante que he visto en mi vida). Son muy trabajadores, casi todos estudian y trabajan a la vez y además, tienen tiempo y ganas de curiosear, saber de tu país, aprender tu idioma, saber a donde vas, de donde vienes…

El chico nepalí y su penetrante mirada se han levantado y se han ido. Parece que falta algo en el aire…

Lo mejor son los niños, que son lindos aquí, en China, en Pernambuco o en Estambul. Calcuta fue nuestra gran experiencia con los niños.


Ahora hemos cambiado de posición y nos hemos sentado en la mecedora, corre algo de aire fresco. En las azoteas de la ciudad azul, los chavales vuelan sus cometas, hay muchísimas, y se mezclan con los pájaros que parece que las confunden con amigos de juegos. Es un regalo para la vista, a veces, me dan ganas de dar gracias a las cosas que veo:
¡Gracias por volar vuestras cometas! ¡Gracias al hotel de Udaipur por tener aquella maravillosa vista al lago, y por ese rincón mágico entre arcos de la terraza!. ¡Gracias a los elefantes por andar tranquilamente por la calle y ofrecerme el maravilloso espectáculo que supone ver pasear su gracioso cuerpo!¡Gracias también, a los hombres y las mujeres que me alegran el oído cantando en los templos! GRACIAS INDIA, por tu gran diferencia.

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